¿Qué perros se considerarán PPP según la nueva Ley de Bienestar Animal?

La nueva Ley de Bienestar Animal modifica el apartado de los perros potencialmente peligrosos (PPP) según la raza y deja de considerar como tal por defecto a perros tales como los pitbulls o los rottweilers. El término PPP se asociaba hasta ahora a algunas razas concretas, pero con la nueva normativa dependerá de un un test de sociabilidad para perros grandes, pues los perros grandes también se consideraban hasta ahora perros potencialmente peligrosos por la fuerza que suelen tener y esa ley no contempla modificación.

Hasta ahora los perros considerados PPP eran de estas razas:

O cumplían con las siguientes características:

Actualmente hay muchos estudios que corroboran que la peligrosidad de un perro no viene dada por la raza, o al menos que no es el único factor determinante a la hora de valorar el carácter o comportamiento de un perro, por lo que la nueva Ley de Bienestar Animal tiene en cuenta esta realidad para que esta catalogación no se haga según la raza.

Por ello se va a proceder a la implantación de un «test para valorar la aptitud» del perro «para desenvolverse en el ámbito social». Aún no hay detalles concretos sobre esta prueba, pero ya existen test de sociabilidad en los que nos podemos basar para tener una idea de en qué consistirá.

Por tanto, los perros que pesen más de 20kg o cumplan con características físicas anteriormente citadas tendrán que someterse a este examen para no ser determinados como los nuevos PPP.

Con esta media se pretende «terminar con la estigmatización de determinadas razas por la actual ley PPP» y «garantizar la armonía de los perros en la sociedad, así como a potenciar los cuidados hacia el animal por parte de sus dueños».

¿En qué puede consistir el examen para determinar la peligrosidad de un perro?

Es posible que el test al que se tengan que enfrentar nuestros perros sea igual o parecido a otros test de comportamiento que ya existen y que se adaptan a lo que marca la nueva ley de protección y bienestar animal y podría tomarse de ejemplo para formalizar un proceso.

«Esta prueba se basa en verificar el nivel de sociabilidad de los perros, observando sobre todo las reacciones que muestran ante estímulos que le puedan ocasionar alteraciones de conducta», expresan en un comunicado. «Estos pueden ser un comportamiento agresivo ante otros perros, personas o incluso vehículos que se pueden perfectamente detectar y, con ello, contribuir a la tenencia responsable de los propietarios».

Esta prueba debe constar de unos sencillos ejercicios que sirvan para acreditar que la convivencia con otros perros, personas y vehículos no sea problemática. Una prueba de sociabilidad es un paso adelante a favor de la convivencia y contra el maltrato y abandono que sufren los perros en particular y los animales en general.

Algunas de las pruebas básicas que pueden tener que superar nuestros perros consistirán en:
– Mantener a nuestro perro tumbado durante unos minutos mientras hay distracciones a su alrededor.
– Caminar con el perro sin tirones por un circuito determinado con líneas rectas, giros y cambios de ritmo con el perro con actitud dispuesta a obedecer a su guía.
– Pasear con el perro entre personas en movimiento a las que el guía va saludando.
– Mantener a nuestro perro sentado, soltar la correa y separarnos unos pasos del perro mientras permanece sentado y tranquilo.
– Acudir a la llamada. El perro acude a la llamada de su guía cuando este se lo indica.
– Bajar y subir del coche con correa y bozal, yendo lo antes posible hacia la acera.
– Paseo urbano con correa.
– Interacción del propietario con viandantes, ciclistas y corredores.
– Cruce con otro perro donde los perros deben ir por los extremos de la calle y los propietarios por el centro.
– El perro debe subir o bajar escaleras cruzándose con otros peatones.
– Manipulación con un cepillo u objeto similar con el perro manteniéndose tranquilo en el proceso.
– Chequeo del perro por parte de un extraño (simulación del veterinario).

«Una vez superadas las pruebas, se confirma que un perro tiene el nivel de educación necesario como para saber que acudirá cuando su propietario lo llame, que sabrá caminar o esperar a nuestro lado mientras nos desplazamos por la ciudad y que no se altera, ni desequilibra su comportamiento al cruzarse con otros perros, personas, bicicletas o similares sin asustarse, ni molestar».